domingo, 13 de noviembre de 2011

El poder del discurso sobre la construcción del alma puede compararse con el efecto de las drogas sobre el estado corporal. Así como estas al expulsar los diferentes humores del organismo, consiguen poner fin a la enfermedad o a la vida, lo mismo ocurre con el discurso: palabras diferentes son capaces de despertar dolor, placer o temor, o también, a través de una persuasión dañina, narcotizar y hechizar el alma.

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